
Antonella Hernández vive en Maquinchao y desde el año pasado aprende el arte del telar mapuche. Un video de su trabajo en la Fiesta Nacional de la Lana la dio a conocer en el resto del país y la convirtió en símbolo de una cultura que ella, casi sin proponérselo, decidió defender.
Con apenas 11 años, Antonella Hernández se convirtió en una de las guardianas más jóvenes de una tradición ancestral patagónica. La nena, oriunda de Maquinchao, el pueblo más frío de la Argentina, en la provincia de Río Negro ya sorprende por su habilidad en el telar mapuche, una técnica que comenzó a aprender en marzo de 2025 y hoy lo domina casi a la perfección.
Su talento la llevó a ganarse un lugar en la Fiesta Nacional de la Lana de este año. Fue allí donde sorprendió a los visitantes con sus diseños y una entrevista suya se volvió viral, lo que la hizo conocida y merecedora de todo tipo de elogios.
En una conversación telefónica con TN, cuenta que heredó la vocación de su tía materna, Lucía Contreras, con quien tiene una conexión especial. A los seis años, vio cómo hacía crochet y le pidió que le enseñara. Desde entonces, aprendió a tejer manoplas, medias, carpetitas para centros de mesa, tulipanes y cualquier otra figura que le llame la atención.
El telar mapuche se transformó en su pasión desde el año pasado, cuando vio una historia de Instagram e inmediatamente decidió que quería aprender. Así, comenzó el curso en la Asociación Civil “Sol de Esperanza”, donde conoció a Gloria Hueche, su profesora, quien también aprendió de pequeña y se dedica al tejido desde hace más de 40 años.
Antonella es la única estudiante menor de edad en un grupo de mujeres de entre 20 y 60 años. “Me impresionó mucho, porque yo decía, ‘¿cómo voy a hacer para que la niña se adapte?, ella es tan pequeñita. Pero me sorprendió su actitud, es muy inteligente, respetuosa», cuenta Hueche.
Para crear un telar mapuche, se debe hilar la lana de oveja. Los hilos se urden en un bastidor de madera y se van tejiendo de forma vertical. Es un arte muy complejo, “no es fácil de aprender en un año”, asegura la maestra. Sin embargo, en solo un mes y medio, Antonella logró su primer tejido con diseño o “laboreado”. “Se me complicaba al principio porque no sabía hacer nada, pero Gloria me iba guiando”, remarca la joven artista. Sin embargo, nunca se rindió.
Es un avance bastante rápido, según confirma su profesora, quien asegura sentir una profunda admiración por su dedicación. Hueche, además, se ve reflejada en Antonella, ambas comparten la pasión por el telar. “Yo le digo que es mi mano derecha y el día que yo no esté más, quiero que ella dé los talleres”, asevera.
Desde que comenzó el curso, Antonella realizó alrededor de 11 tejidos. Entre ellos, hizo uno especial para su mamá, Rosena Parra, por el Día de la Madre, y también una bandera que le regaló a su escuela, Jornada E. Yapur Chehuen, que hoy está colgada en la entrada del establecimiento.
Con esa misma disciplina, se destaca en el ámbito escolar -aprobó todas las materias del grado pasado con 9 y 10- y también es constante con sus clases de folklore y guitarra. Además, es patinadora desde los tres años de edad, y este mes participará en una nueva competencia en Villa Regina.
Si bien considera el telar mapuche como un pasatiempo, no descarta la posibilidad de convertirlo en un emprendimiento. Lo que sí tiene claro es que le “encantaría seguir tejiendo” por muchos años.
Su entusiasmo es tal que suele llevar el crochet a la escuela y aprovechar los recreos para tejer. También pasa gran parte del tiempo imaginando nuevos diseños para hacer en el telar. “Me siento muy feliz haciendo lo que me gusta”, concluye.