Pedaleó 12 días hasta Entre Ríos, para cumplir una promesa que le había hecho a su madre

Daniel le había prometido ir a visitarla en bicicleta desde Cipolletti a La Criolla, su pueblo natal. Ella enfermó y murió en el 2025.

Alguna vez, en una de esas tantas charlas entre el hijo y su madre, Daniel (56), le prometió a su madre Elsa, que algún día, la iría a visitar en su bicicleta desde Cipolletti (Rio Negro) a La Criolla, Departamento de Concordia, Entre Ríos, el pago familiar. No pudo ser, lamentablemente, su mamá falleció en el 2025. La última vez que la visitó, entre tantas, fue antes de su muerte, y lo hizo en colectivo, para eso, Elsita ya estaba enferma.

En medio del dolor y el amor profundo de Daniel hacia su madre, lo hizo tomar una contundente decisión, la de ir a visitarla al lugar donde descansan sus restos, y cumplir con la promesa que alguna vez le había dicho; ir a visitarla en su bicicleta.

Para destacar, hay que decir que, el entrerriano, había llegado a Cipolletti con tan solo 18 años, para trabajar en la cosecha de peras y manzanas y nunca más se fue. Acá formó su familia.

A pesar de sus achaques de salud con problemas en su columna, Daniel recorrió 1.500 kilómetros en bicicleta, saliendo desde Cipolletti, hasta llegar a su pueblo natal. Un viaje que duró 12 días, pedaleando con esfuerzo, emoción y mucha determinación.

No estuvo solo en esta aventura: lo acompañó su sobrino Juan (28), que fue su compañero de ruta en cada kilómetro de este desafío. Pero lo más importante de este viaje no fueron solo los kilómetros recorridos, sino el motivo que lo impulsó; en cada pedaleada, estaba el recuerdo presente de su madre.

Así, después de 1.500 kilómetros de cansancio y emoción, de ruedas pinchadas y viento en contra, finalmente llegaron a La Criolla, población denominada así, en honor a Flora del Carmen de Urquiza, la hija del general Justo José de Urquiza.

De este viaje, les queda guardado en el corazón cada persona que en el camino les brindó ayuda, les ofreció un lugar donde dormir y donde comer, y que regalaron un abrazo y palabras de aliento.

Daniel y Juan, tío y sobrino, quedaron maravillados de como Dios los acompañó día tras día, en esta arriesgada travesía que tenía como propósito, cumplir con esa promesa y honrar la memoria de Elsa.

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